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50 AÑOS NAUFRAGANDO CON CANCIONES

Hace 50 años se empezaron a escribir las primeras líneas de esta historia. Primero Los Gatos Salvajes, con su álbum homónimo que contenía canciones de cosecha propia y en castellano. Luego, Los Gatos con el simple La Balsa explotaron en ventas y abrieron la puerta grande. Litto Nebbia fue protagonista de esos dos hitos, y por ello pieza fundamental de este cincuentenario del rock argentino. Autor de temas emblemáticos, prolífico e inquieto cuenta con más de mil doscientas canciones registradas, grabó alrededor de cien álbumes propios y participó en cerca de quinientos más. Su sello, Melopea Discos, exhibe un catálogo que es la envidia de coleccionistas. Y en diciembre debutará en el Teatro Colón. Litto dejó de grabar discos por un rato, para repasar en pocos minutos cincuenta años de profesión.

Domingo, 03 Enero 2016 | Por  Elizabeth Ambiamonte | Fotos: Ariel Bacca

Litto Nebbia encarna una de las fábulas más populares de los tiempos modernos: el joven de origen humilde que sale de su pueblo a conquistar la gran ciudad. Así de cinematográfica es su historia, y así construyó su leyenda. Con apenas 14 años se sumó a Los Gatos Salvajes, la banda rosarina que tenía por integrantes a Ciro Fogliatta en teclados, Juan Carlos “Chango” Pueblas en guitarra, el “Turco” Adjaydie en batería, y Guillermo Romero en bajo. Cuando Rubén Rojas, el cantante desde que eran los Wild Cats, fue reclutado para la colimba, Litto ingresó en su lugar. Esa formación viajó a Buenos Aires y logró un contrato en el programa de televisión La Escala Musical. Allí los descubrió un productor y grabaron el disco para Music Hall. LOS GATOS SALVAJES salió a la venta el 27 de junio de 1965.
-Ese disco se editó hace cinco años en Estados Unidos y un año antes, o después, en Europa –dice Litto Nebbia, una tarde de noviembre desde su casa en Tigre-. Se vende en Holanda, Inglaterra, para coleccionismo. Es considerado de culto por ser el primer disco de “rock de autor en castellano”.
A cincuenta años, el rock argentino celebra esa fecha como el natalicio del género en nuestro país. Los Gatos Salvajes plasmaron allí un repertorio propio y en español. Salvo por dos covers, “Under the Boardwalk”, (conocido como “Bajo la rambla”) y “Little Red Rooster”, todos los temas fueron compuestos por Litto. El disco vendió novecientas copias, y otro tanto los simples previos. Se podría decir que su peso tiene más de acontecimiento histórico que de comercial. Al poco tiempo de haber sido contratados, se levantó el programa de televisión que les daba trabajo (también en radios y clubes), y quiso el destino que la convicción vocacional de la banda se pusiera a prueba.
-Hasta ese momento teníamos muchos seguidores, como muchas otras bandas, pero había gran resistencia del medio. A mucha gente le parecía que era una porquería, que con ese ritmo no se podía cantar en castellano, una cantidad de boludeces que las escuchás ahora y no lo podés creer. Entonces quedó ese disco como una marca, como un ejemplo, y al año se disolvió el grupo.
Separados Los Gatos Salvajes, Nebbia y Fogliatta se quedaron en Buenos Aires con la idea de poder “pegarla”, y el resto de los músicos volvieron a Rosario. Sobrevivir y pagar la pensión impulsaron a Litto emprender la maratón de rebusques que lo condujeron hasta La Cueva, reducto bohemio donde se tomaban tragos y la música ambiente era tocada en vivo. Allí, los jueves, tocaba durante seis horas por una suma de “400 mangos”. La Cueva estaba ubicada en Pueyrredón y Juncal, y se convirtió –así como el Bar La Perla, Plaza Francia, y otras- en una parada del circuito de los “náufragos” Moris, Javier Martínez, Pipo Lernoud, Tanguito, y los demás personajes que conformaron el inicio del movimiento. Litto y Ciro seguían con la idea de armar una banda y seguir lo que habían empezado. Aproximadamente les tomó un año y medio acomodarse y sumar a los músicos que integraron Los Gatos: Kay Galifi y Oscar Moro vinieron desde Rosario, y de Buenos Aires Alfredo Toth. Mientras, preparaban los temas esperanzados en ser descubiertos por algún productor. La oportunidad llegó con RCA, y la irrupción del simple de La Balsa (1967), ya con el nombre Los Gatos, cambió la escena. Vendieron doscientas mil copias y activaron el interés de los empresarios de la música. Desde entonces fueron muchos los que se animaron a componer y grabar en nuestro idioma.
-Cuando con Ciro armamos Los Gatos, tuvimos tanto éxito que empezaron a salir grupos a patadas, cada uno con sus canciones. Ante eso las compañías empezaron a contratar también bandas de ese estilo. Algo que hasta ese momento no sucedía. Nos criticaban la vestimenta, el pelo, cualquier cosa. Era insólito.
-Es que evidentemente fue un momento fundacional en cuanto a la creación de una cultura joven diferente.
-Todo tenía que ver con que vos decías “estoy en contra de una cantidad de cosas establecidas que no me interesan generacionalmente”. Y también recibías los palos por otro lado de la gente que le caía mal o que no le importaba lo que vos hacías. Por ejemplo, mirá que cómico: cuando grabamos ese disco, alguna vez se nos ocurrió ir a la compañía, a ver como estaba la venta, las cosas normales que puede hacer un tipo que graba. Y en un momento, el Director Artístico nos dijo: “No vengan seguido, porque las secretarias que están trabajando se asustan”.
-¿Por la facha?
-Claro. ¡Qué ni siquiera era como después salió Hendrix, y todo el mundo! O sea, eso sirve para que te des cuenta de lo que era la mentalidad pacata de la gente.
El “clima de época” y la cuestión estética quedó reflejada en canciones de varios grupos y algunas filmaciones. Corría 1969, gobierno dictatorial de Juan Carlos Onganía, y los cambios culturales para algunos eran la ¨nota de color¨. Argentina Sono Film convocó a Litto para que protagonizara la película El extraño de pelo largo junto a una sensual Liliana Caldini. Su papel implicaba interpretar a Félix (su nombre real) un joven músico que venía del interior… En pocas palabras, el personaje era Litto mismo. Lo primero que hicieron fue cortarle el pelo, y le extendieron un permiso para que pudiera circular por la calle sin que lo rapen en una comisaría.
- Es que si ibas caminando, la policía te paraba cada media hora. Y no sólo eso: la gente salía de los negocios y te insultaba. La sociedad estaba en contra nuestro, como pasa siempre en nuestro país con algo nuevo. Puede ser el pelo largo, o Piazzolla. Lo innovador, al comienzo es resistido, atacado. Hasta que, si la cosa es persistente, ya se transforma en algo común a todos.
-O se convierte en mercancía.
-Claro, en una forma de consumo infernal.
-En la película hay elementos interesantes, además de la estética que contás y se ve, pudiste intervenir en los textos del guión.
-Era una película de la época, hecha con un criterio para los adolescentes de ese tiempo. Yo soy loco del cine, y cuando me dieron el libro, además, empecé a tachar cosas que no eran creíbles que yo hiciera, ni nadie de nuestra generación. Porque los tipos armaron un esqueleto sobre una cantidad de cosas que les contaron que hacíamos los jóvenes. Por ejemplo: nosotros de tanto andar divagando por ahí teníamos una cantidad de palabras que usábamos. Esto mismo de decir “no divagués”, “naufragar”, “esto mató”, “esto no me copa”. Todo eso surgía como cosas nuestras, que inventábamos formas de expresión. Pero cuando leí el libro, el tipo que escribió ponía esas expresiones en momentos donde no se tenían que decir. O sea, de pronto se abría una puerta en la pensión, salía una modelo y decía “¡Mató!”, ¿me entendés? Y yo decía “¿qué mierda? no es ahí que decimos “mató”, es en otro momento”. Boludeces así. Pero la película era sencilla, y no había otra cosa en ese momento. Mostraba algunos grupos: estaba La Joven Guardia, y otras. Inclusive tuvo mucho éxito en Latinoamérica, porque no había películas así de canciones, de pendejadas.
-¿Por qué que renunciaste a ser el galán?
-Sí, le pasé el papel al que interpretaba al representante. Yo no quería hacer eso. ¿Sabés qué pasó? La película me sirvió de puente para poder sacar mi primer disco solista que la compañía lo tenía parado y no lo querían sacar. Decían que era un disco con cuerdas, y que mi nombre era muy difícil, que no se lo iba a acordar nadie, una cantidad de pretextos extraordinarios. En realidad estaban ofendidos porque nos habíamos separado con el grupo (Los Gatos) en un momento de éxito económico muy fuerte. Yo quería seguir adelante, y grabé un disco solo. Y cuando terminé de grabar, me lo pararon. Y eso es lo peor que te pueden hacer, porque si vos tenés el disco ahí secuestrado, no tenés pretexto para salir a tocar, ni para hacer notas, ni nada. No sabía dónde meterme, y me salió la película. Eso posibilitó que yo cantara tres o cuatro canciones en la ficción. Cuando llegó el momento de elegirlas, yo les dije a los tipos que quería cantar unas que estaba grabando para un disco nuevo. Que era ese que tenía parado. Cuando salió la película, y se escucharon las canciones, empezó a tener éxito. Ahí los tipos de la compañía sacaron un simple con dos de esos temas. Y eso vendió 55 mil discos en una semana. (...continúa) Lee la entrevista completa a Litto Nebbia publicada en la edición N° 33 de Mavirock revista. A la venta en kioscos de diarios y en www.mavirockrevista.com.ar/comprar

Edición Nº 36 (desde el 6/5 en los kioscos)

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