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EL PADRE DEL BLUES EN CASTELLANO

Cantante, baterista, compositor y uno de los músicos fundadores del movimiento que dio inicio al rock argentino, Javier Martínez dice que Argentina es un país necrófilo, que los argentinos tienen una mentalidad infantil y que está cansado de los boludos. A punto de cumplir 70 años, ensaya, graba y toca con la misma vitalidad y pasión que los primeros días. Habla de su amistad con Tanguito, los motivos que lo enemistaron durante 40 años con Litto Nebbia y por qué aceptó volver a tocar con Gabis y Medina en lo que fue el eventual regreso de Manal.

Lunes, 18 Enero 2016 | Por  | Fotos: Edgardo A. Kevorkian

El ambiente es pequeño, una habitación que podría ser un living pero funciona como sala de recepción de una agencia de prensa, en el barrio de Colegiales, y la voz grave de Javier Martínez que, una tarde primaveral de noviembre, brama con reverberación.
-Voy a ser indiscreto, ¿cuándo me dan una tapa?
Después se ríe, larga una carcajada como para ponerle final a unos segundos de incomodidad.
-No, olvidate. Te lo digo porque acá el que no llora, no mama. Si yo no rompo los huevos, no me la van a dar nunca. Y si se la dieron a Ricardo Soulé, ¿cómo no me la van a dar a mí?
Está claro que la trayectoria de Javier amerita mucho más que ilustrar la portada de una revista. Legendario baterista del rock argentino –para algunos de sus colegas, como Billy Bond, el mejor de todos-, protagonista de la génesis que construyó el movimiento rockero en la Argentina con Los Beatniks, pionero a nivel mundial en cantar blues en castellano con Manal en un registro de voz a la altura de los grandes bluseros negros, poeta de la bohemia y el lunfardo que iluminaron las calles de Buenos Aires en los setenta, compositor de canciones exquisitas y una larga lista de clásicos inoxidables del rock local: “No pibe”, “Jugo de tomate”, “Casa con diez pinos”, “Avellaneda blues” (en coautoría con Claudio Gabis). En 2014 publicó su autobiografía Yo soy Buenos Aires, conversaciones con Manal Javier Martínez (Editorial Dunken), de la que asegura con orgullo haber agotado la primera edición, y a mediados de 2015 editó en forma independiente PENSÁ POSITIVO, el disco que, a punto de cumplir 70 años, lo posiciona como una de las grandes leyendas de nuestro rock que todavía continúa en vigencia.
Por todas estas cosas, Javier Martínez podría ser tapa y póster central.
-Esto que te digo tomalo como una broma. Lo único que quiero es que me la hagan en vida. Porque cuando me muera, seguro que todos me van a sacar en la tapa. Y esa es una crítica que yo le voy a hacer a la Argentina. Somos un país necrófilo. Acá te morís y es la mejor promoción que podés tener. Cuando me vaya, no sé si lo podré hacer, pero quiero organizar algo para que no haya una movida necrofílica conmigo. Voy a ver si nombro un albacea que les haga juicio a todos.

 

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Frontal, melómano, polémico, poeta, sin filtro, bohemio, verborrágico, autodidacta, cascarrabias, coleccionista de discos de blues y jazz, beatnik eterno, lector apasionado de los libros de Jack Kerouac y Henry Miller que nunca creyó en el movimiento hippie. A los 69 años, ensaya, canta, toca la batería y la guitarra todos los días en su casa con la misma energía y prestancia que lo hacía hace más de cuarenta años con Manal. Pero ahora dice que tiene “un viejo amor”, que por estos días quiere llevar adelante: tocar el vibráfono. Porque la batería, según él, es un instrumento hermoso, pero un poco áspero. Y muchos bateristas en el último tiempo se han interesado por el vibráfono, al que él considera de una sonoridad celestial.
Cosas que Javier siempre repitió en las entrevistas: que no vive de la bostalgia, que Manal ya es pasado, que nunca volvería a tocar con Claudio Gabis, que la Argentina está llena de boludos.
Cosas de las que nunca, o en muy pocas ocasiones, habló públicamente: su vida personal, la familia, las mujeres, la vida misma más allá de la música.

 

***

 

-Esto de que somos un país necrófilo lo digo porque pasó con Spinetta y con todos. ¿Vos sabés que a Gardel no le daban bola en la Argentina? ¿Conocés la historia?
Sentado en el sillón, vestido con camisa azul oscura por encima de una remera gris, pantalón negro, los anteojos de siempre y gorra con visera, Javier explica con mucha vehemencia que en un momento a los shows de Gardel y Razzano no iban más de treinta personas, mientras que en el de un hombre que hoy nadie recuerda, llamado Devin, había siempre más de mil.
-A Gardel le empieza a ir bien en la Argentina después de que triunfa en Francia y Nueva York, y hace las películas. Recién ahí lo empezaron a querer acá. Una vez un tipo me dijo: “Javier, sos Gardel”. Y yo le respondí: “Me parece que no conocés la historia de Gardel, porque ni Gardel fue Gardel en la Argentina”.
La risa de Javier retumba en la sala. Según él, en la Argentina se da una cuestión denigratoria porque en los países atrasados y semicolonizados como el nuestro hay mucha gente que fluctúa en la autodesvalorización.
-Hay que terminar con eso y empezar a valorarnos en lo que tenemos, que es mucho. Un pueblo bueno, gaucho, solidario como ninguno. Este es un país lleno de genios. Fijate como se suicida Favaloro, es una vergüenza. El hombre que salvó tantos corazones se mete un tiro en el corazón. Todavía no escuché ningún tango y yo no escribí un blues sobre eso.
-Hay una gran paradoja en el mensaje que dejó René Favaloro.
-Es tremenda. No fue un mensaje, fue un grito. Los argentinos somos idiotas, nos hicimos así nosotros y quizás también nos ayudaron los enemigos, porque no te olvides que la Argentina es un gran país, que a comienzo del siglo XX estaba entre los siete más fuertes del mundo a todo nivel. Y de ahí nos caímos de la lista en gran parte por nuestros propios quilombos: pérdida de la vida republicana, ruina y desaparición de la democracia, desencuentro entre los argentinos, guerra civil latente, excesos de la extrema derecha y de la extrema izquierda, quilombos, guerra interna.
-¿Entonces?
-Y después todo eso tenés que condimentarlo con una mentalidad infantil que le cuesta mucho reconocer los problemas. Hay mucha gente que no reconoce que tuvimos una guerra civil. Hubo argentinos matando argentinos. Y las guerras civiles tardan cien años en cicatrizar. O sea que esto va a pasar recién en 2076. Empezamos pegando duro, ¿eh?

 

***

 

Todo tiene un comienzo. Javier descubrió que quería ser baterista a los 9 años, cuando el padre lo llevó a ver The Glenn Miller Story, una película musical biográfica de Glenn Miller, y quedó hipnotizado por un solo de batería a cargo de Gene Krupa. Para Javier, todo se lo debe a su padre y también a su madre, que lo aguantaron mucho. Haber contado con el apoyo de ellos para que se dedicara a la música fue algo “grandioso”, aunque igualmente recuerda que su padre siempre le decía que además de tocar la batería, tenía que estudiar y aprender a ganarse la vida haciendo otra cosa.
Cuando Javier descubrió el jazz, se adueñó de una de las tres radios que había en su casa y se armó una agenda con los días, horarios y dial de los programas musicales. A la edad en que sus compañeros de colegio se juntaban a jugar a la pelota, él prefería encerrarse en su dormitorio, sintonizar Radio Municipal y acompañar los temas que pasaban pegándole a una banqueta con dos palos que había sacado de un revistero. Después, el padre, que también tenía vocación de artista y había participado de varias obras de teatro, le prometió que si estudiaba, le iba a regalar una batería. Primero le compró un metrómono, el método Krupa y el joven Javier empezó a estudiar técnica de tambor. Cuando por fin tuvo su primera batería, ya había adquirido la técnica necesaria para tocar redobles y todo tipo de ritmos.
En una habitación vacía de un hotel en obra que administraba su padre en Vicente López, armó una sala de ensayo y se incorporó a Los Secuaces, con los que participó en un concurso de grupos desconocidos organizado por la Escala Musical en el Luna Park. Esa noche, cuando terminó de tocar, Pajarito Zaguri y Moris fueron hasta el camarín para conocer al baterista de Los Secuaces que se lucía entre dos guitarristas que tocaban folclore, y comenzaron una amistad.
-Yo soy baterista profesional desde los 16 años. Después me metí a cantar, componer y buscar la creación del rock y blues en castellano.
Siguió el camino de la música y comenzó a escribir letras de rock en castellano inspirado, primero, en el respeto por las grandes canciones que tenían nuestro folklore y el tango. Después, para cantar en la onda de los negros, siguió el ejemplo de los flamencos que lo hacían en castellano y con una fuerza particular.
-Los otros géneros son muy melódicos y el blues es más áspero, como el flamenco. También me sirvieron de inspiración los bluesman norteamericanos como Ray Charles y B. B. King. Acá solo se conocía a Ray, pero mi novia era azafata de Aerolíneas y me traía discos de allá para que escuchara. Éramos tres o cuatro tipos que teníamos acceso a esos discos.
-¿Quiénes eran los otros?
-Qué se yo… Moris, Pappo, Claudio Gabis, que iba a buscar discos a la biblioteca Lincoln y después viajó a Estados Unidos. Recuerdo que mi novia me traía unos discos que se llamaban CHICAGO BLUES TODAY. Te estoy hablando de la década del setenta y todos los grandes clásicos que acá no se conocían.
-Hace unos años, Billy Bond me dijo que Javier Martínez era el mejor cantante de blues en castellano del mundo.
Javier se ríe, toma un caramelo que hay en una mesa frente al sillón y agradece las palabras del ex líder de La Pesada del Rock and Roll.
-Bueno, muchas gracias.
Dice que comenzó a desarrollar la voz cantando a capella, escuchando a cantantes y tratando de imitarlos. A los 14 años empezó a estudiar acordes con una guitarra criolla. Pasaba horas afinando con el corista hasta que, de a poco, se animó a cantar. Después llegó lo más difícil: aprender a cantar mientras tocaba la batería. Durante un tiempo, tocaba bien, pero cantaba mal. Y cuando cantaba bien, tocaba mal. Hasta que, luego de muchas horas, días y meses de trabajo, pudo lograr hacer bien las dos cosas al mismo tiempo.
-Lo logré con mucho laburo. Lo que pasa es que para trabajar y hacer algo bien, todo requiere un grado de voluntad y sacrificio. La voluntad la sacás de la pasión, de amar la música. Entonces llega un momento en que la amás tanto, que te vienen con otro tipo de planes y decís que no. Muchas veces me quedo en mi casa y cuando me preguntan qué estoy haciendo, les digo: “Estudiando música”.
Desde muy pequeño, la música ocupa un lugar central en la vida de Javier. Siguiendo la meta que se propuso desde que era un adolescente -recorrer el mundo y vivir de la música- abandonó cualquier tipo de plan que consistiera en formar una familia porque dice que su plan de viajero y la vida familiar no eran compatibles.
Más allá de alguna vez que tomó clase con un profesor de guitarra que le enseñó técnica, cómo se componía un acorde, las alteraciones, la novena aumentada, la escala pentatónica de blues y a estirar la cuerda, Javier siempre fue autodidacta. Y si bien no hay ningún registro en el que se lo pueda ver tocando la guitarra, asegura que compuso todas sus canciones en la intimidad de su casa, con la viola eléctrica y un equipo que siempre tiene encendido, y a su disposición para ensayar.
-Los pibes de las nuevas generaciones que quieran saber acerca de la historia de Manal, deberían dejarse de joder y no ser nostálgicos. Pueden venir a verme ahora. Hoy se cumplen cincuenta años de la creación del género. No lo puedo creer… Bueno, todo se mide por el éxito de “La balsa”.
-Hay toda una historia justamente con esa canción, se dice que te distanció de Litto Nebbia.
-Ya lo aclaré en mi libro, esa canción es de Tanguito y de Litto, no jodamos más.
-Pero durante mucho tiempo se pensó que vos creías que era solo de tu amigo Tanguito, ¿pudiste hablar del tema y aclararlo con Litto?
-No, pero lo puse en mi libro. Ahora voy a sacar la segunda edición porque se agotó.
Javier hace una mueca de fastidio y dice que lleva cuarenta años aclarando el tema. En 1969 Jorge Álvarez, responsable del sello Mandioca, contrató cien horas en los estudios TNT para que Manal grabara su primer disco. Pero según Javier, llegaron al estudio tan bien ensayados que solo necesitaron setenta y cinco. Las veinticinco restantes fueron divididas en partes iguales entre los integrantes del trío. Javier utilizó sus ocho horas para producir y grabar a Tanguito, que entre otros temas, dejó un registro de “La Balsa” en el que durante la intro se puede escuchar la voz de Javier repitiendo: “El tema es tuyo, lo compusiste en el baño de La Perla de Once”.
-Litto me malinterpretó. Creyó que…
-Es que resulta un poco extraño que hayan dejado esa parte de la grabación.
-Lo que pasa es que Álvarez me puso a mí hablando y me editó. Dejó la parte en la que le dije a Tanguito “vos compusiste La balsa”, pero cortó la parte en la que le dije “con Litto”. Me perjudicó enormemente, porque Litto pensó que esa fue una chicana mía, y nos arruinó la amistad durante cuarenta años.
-¿Cuál puede haber sido el motivo por el que Álvarez haya querido dejar esa parte con tu voz?
-Eso no se hace nunca, pero Álvarez lo hizo porque yo era famoso. Y como era el productor del disco, me utilizó para promocionar a Tanguito. Me complicó la vida. Sobre todo porque editó una parte y eso generó toda una leyenda urbana acerca de que Litto le había robado a Tanguito. Pero no, “La balsa” es de ellos dos. La primera parte la hizo Tanguito con una guitarra que él traía todos los días a La Perla y la segunda Litto. En aquel momento llevar una guitarra por la calle era cosa de guapos, y el único que se animaba era Tanguito. Más de una vez cayó en cana por ir caminando con una guitarra sin la funda. Recuerdo que en La Perla pusimos una ley, porque todos éramos cantautores, que consistía en que podíamos tocar solamente un tema y teníamos que pasarle la viola a otro.
-¿Quiénes estaban en esa ronda que armaban en La Perla?
-Litto, Moris, Tanguito, Pipo Lernoud, Miguel Grinberg, Sandro y yo. Era la época de Sandro y los del Fuego. Porque Sandro en esa época era rockero y la diferencia entre él y nosotros era que él ya se había consagrado y nosotros queríamos llegar a algo. Sandro también agarraba la viola y te tocaba un tema. También estaba Billy Bond y los muchachos de Los Guantes Negros. (...continúa) Lee la entrevista completa a Javier Martínez en la edición #33 de Mavirock revista. A la venta en kioscos de diarios y en www.mavirockrevista.com.ar/comprar con envío por correo a todo el país.

Edición Nº 35 (desde el 29/11 en los kioscos)

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