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EL ELEGIDO

Integró la banda de Spinetta, el Indio Solari y Andrés Calamaro, pero al mismo tiempo construyó su carrera solista con tres discos fundamentales en los que descubre su faceta compositiva y su pulso electro-rock. ¿Por qué Baltasar Comotto se transformó en el guitarrista más codiciado del rock local?

Wednesday, 30 May 2018 | Written by  | Fotos: Eduardo Martí

El tono bajo, la suavidad de los gestos y la serenidad que transmite Baltasar Comotto cuando habla contrastan con el violero incendiario que sube a los escenarios con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y desata pogos demenciales al ritmo de los riffs de su flying V. Es un jueves por la tarde en un bar notable cercano al Abasto y después de una noche agitada en la que tocó junto a su amigo de la adolescencia Gaspar Banegas, en un bar de Palermo, Baltasar parece empezar a recuperar energías de a poco, mientras toma un café y habla de ELITE, su nuevo disco.
-ELITE representa una etapa de mi vida –dice Baltasar-. Durante el periodo de producción y grabación me pasaron cosas emocionales muy fuertes. Desde el accidente de Edu (Herrera, uno de los productores, fue atropellado por un camión y estuvo en estado grave) hasta separarme de mi pareja después de una relación muy larga. Por eso es un trabajo al que le tengo mucho cariño.
Para la grabación de su tercer disco, el guitarrista de la banda del Indio Solari convocó a Herrera (ex ingeniero de sonido de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota e Indio) y Rafael Franceschelli, dos amigos con los que viene trabajando desde hace varios años. El trabajo reúne algunas curiosidades -quizás imperceptibles- como la elección de tres bateristas distintos a los que les asignaron canciones de acuerdo a la búsqueda de un sonido determinado.
-En el primer tema del disco, “Sabrás escapar”, grabó el bajo Fernando Lupano (ex integrante de la banda de Charly García), que es mi cuñado. Aproveché una gira que hicimos con Andrés Calamaro por España y lo invité también a Sergio Verdinelli.
Allí, en el estudio La Cabaña, de Madrid, en la ciudad que durante varios años vio crecer a Baltasar, comenzó a gestarse este disco de electro-rock con sintes, teclados, secuencias y capas de viola, que hoy tiene a uno de los guitarristas elegido por las figuras más importante del rock argentino girando por los bares de nuestro país.
-Con Edu y Rafa buscamos hacer un álbum que tuviera un sonido actual, no es algo estándar. ELITE tiene una parafernalia que apunta a un sonido actual, moderno y poderoso.

 

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-Balta es energía vital del alma en la guitarra de rock –dice Eduardo Herrera-. Virtuosismo con una intuición de alto vuelo musical y versatilidad estilística. Su rítmica mixtura el Groove y el feeling de la música negra con la potencia del rock británico y americano. Relámpago de corcel soleando, expresivo desde lo salvaje con una precisión impecable, sus solos emanan liberación. Psicodélico y artístico, transmuta, evoluciona y brilla con luz propia. Es distinto, es Balta, sello de un buen gusto exquisito.

 

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Baltasar Comotto es el elegido.
No hay guitarrista en el rock argentino que haya integrado al mismo tiempo las bandas de dos de las figuras más importantes de la escena local como el Indio Solari y Luis Alberto Spinetta. Nació en Buenos Aires, hijo de una arquitecta y un abogado laboralista que, en tiempos de dictadura militar, tuvo que exiliarse en España.
-Mi viejo en algún punto era socialista marxista, conocía a muchas personas y había trabajado para empresas como Fate y sindicatos de músicos y de cine. Entonces le allanaban el estudio todo el tiempo. Tuvimos que irnos por separado y reencontrarnos allá.
Fue en los días de exilio en Madrid y no en Buenos Aires donde a través de su hermano mayor Agustín escuchó por primera vez la voz de Spinetta en una canción de Almendra.
-Yo tenía 6 años, era muy chico, y mi hermano llevó un casete de un show en Obras que tenía “Alma de diamante” y todos esos temas. Pero a los 5 ya le pedía a mi viejo que me comprara los casetes de Iron Maiden.
En 1983, después de seis años de exilio europeo, la familia Comotto regresó al país. A los 9 años la madre le regaló para navidad la primera guitarra criolla y mucho antes de convertirse en el violero más codiciado del rock nacional, Baltasar era un adolescente que prefería ir a jugar al fútbol con sus amigos en vez de tomar clases de guitarra.
-Recuerdo que mi vieja me mandaba a un profesor de guitarra y yo me rateaba. Un desastre, me iba a la plaza a jugar al fútbol con mis amigos, hasta que un día me descubrió y me dijo que no me lo pagaba más.
Por medio de su hermano mayor Agustín, que compraba los vinilos que se editaban en Argentina, descubrió a Jimi Hendrix, Charly Parker y Los Beatles y todos los grupos de música progresiva. A los 15 llegó la primera guitarra eléctrica, una Telecaster, y armó un trío experimental de funk, metal y grunge con su hermano y un amigo llamado Teo Lafleur, que unos años después le presentaría a otro joven guitarrista que prometía llamado Gaspar Benegas.
-Eran los primeros experimentos. Con Mutrones sacamos un disco en el que participó Gaspar con tan sólo 16 años.
-¿Cuándo sentiste que querías dedicarte a la música?
-Una de las primeras veces que toqué en vivo con mi hermano y con Theo, en un show de Mutrones en el viejo Imaginario, clavé un acople y dije: “Esto es lo que quiero”. Fue como un momento de revelación y además era el primer recital que hacíamos. Eso me quedó marcado. Obviamente, después pasaron miles de cosas que me terminaron de convencer.
-¿Como cuando tocaste en el Festival de los Siete Lagos en el año 2000?
-Ese show para mí fue un antes y después. Fuimos con Patán (Vidal) y teníamos la labor de abrir la Jazz Sessions con unos músicos bestiales a nivel nacional e internacional. Fueron dos días en San Martín de Los Andes y dos en Bariloche. Estaban músicos que eran como una Ferrari: Dave Holland y otros que habían tocado con Miles Davis. Se armaban movidas después de todos los shows, y nosotros salíamos con Patán y Miguel Zavaleta. Para mí fue un quiebre, porque para tocar ahí, entre todas las bestias que tenía alrededor, tenía que estar en cierto nivel. Era el resultado de haber tocado tanto en mi casa y de haberme vinculado con otros músicos. De algún modo, siento que siempre todo llega.
-¿Y a vos te llegó fácil?
-Siempre viví de la música y también atravesé momentos duros. Recuerdo que en 2001, que no fue un año fácil para nadie, tocaba en bares y me pagaban con Patacones o Lecop. Ya por ese entonces vivía con mi ex pareja que era artista plástica y llegar a fin de mes era complicado. Tampoco es fácil hoy: tenés que ingeniártela para ir pasando los años y poder seguir.

 

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-Los músicos muchas veces somos introvertidos y algo antisociales –dice Gaspar Benegas-, pero donde queda expuesta parte de nuestra personalidad es en la música y a través del instrumento que nos gusta tocar. Baltasar toca la guitarra fuerte, rápido, con un gran conocimiento, corriendo riesgos y, sobre todas las cosas, con mucho huevo. Ésta última cualidad no se entrena ni se aprende, es la sangre del violero sobre las cuerdas. Y en eso Balta es único e inigualable.

 

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Es jueves y, mientras en los televisores del bar Barcelona festeja un nuevo triunfo en la Champions League, Baltasar dice que en cierto punto la política lo satura. Sobre todo cuando se producen discusiones en las que no se llega a un acuerdo y sólo se trata de imponer una idea.
-Por el lado artístico, la única banda política que me gusta son The Clash y Rage (Against The Machine), el primer disco. Después en el segundo están todo el tiempo bajando línea como si fueran un diario, y un poco me cansa todo eso. Me gusta cuando se dicen las cosas de una forma menos explícita, porque la realidad ya la veo acá en la esquina.
-Hoy muchos artistas son tratados de militantes por expresar sus ideas.
-Yo no tengo miedo de decir lo que pienso, pero tampoco me siento tan capo para hablar de política. Creo que lo mejor que sé hacer es música. Me acuerdo que en primer año fui a la reunión del centro de estudiantes y me pareció un embole. Tenía 12 años y no quería parecerme a un hombre de 25, que habla seriamente. Y eso que en mi casa estaba muy marcada la política. Para que te des una idea, mi papá conocía a Gorrarián Merlo y paró en mi casa de Madrid.
-¿Y el resto de tu familia?
-Mi hermano Agustín acaba de sacar un libro llamado 155, ilustrado y escrito por él, que trata la historia de Simón Radowitzky, un anarquista de 1930 que voló por el aire a Ramón Falcón. En ese sentido, creo que mi hermano canalizó más la cuestión política. Mi viejo sabía mucho de historia porque leía todo el tiempo.

 

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-Si yo fuera un extraterrestre y al acercarme a la Tierra captara los sonidos de la viola de Baltasar, creería que no puede haber vida en este planeta –escribió el Indio Solari en la revista Recordplay-. El poderoso carácter de su música la hace apropiada para estudiantes de psiquiatría bélica. Su sonido casi pornográfico hace hervir los tragos. Su trabajo aparece como el de un terrorista de la guerra que es, al mismo tiempo, elegante, prepotente y sutil.

 

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La tarde cae detrás de la ventana del bar de El Abasto y Baltasar dice que recuerda como si fuera el día de hoy la tarde del 30 de junio de 2003 en la que Spinetta le dejó un mensaje en el contestador convocándolo a tocar en su banda en la presentación del disco PARA LOS ÁRBOLES en el Gran Rex. También cuando llegó la prueba de fuego con el Indio Solari y el día que Cachorro López lo convocó a grabar en BOHEMIO con Andrés Calamaro.
-Nunca había grabado con él y fue una experiencia muy linda. Me gusta eso de interactuar con la persona que te está convocando y tratar de leer lo que quiere. Pero no me considero un violero cesionista de esos que graban con todo el mundo y cualquier estilo de música. Siempre llevo una línea, una dirección, y trato de vincularme con la música que me llega.
-¿Qué disfrutás más, tocar en vivo o grabar discos?
-A mí me gusta que se combinen las dos cosas. Si hago una sola, me termino quemando. Me gusta tocar en vivo, pero también cuando estoy de gira mucho tiempo me saturo y me dan ganas de volver a mi casa. Para mí lo ideal es intercalar varias actividades.
-Te imagino tocando mucho tiempo la viola, experimentando cosas, buscando nuevos sonidos.
-La música ocupa todo en mi vida. Ahora quizás toco menos, pero me dedico a escuchar mucho más a otros músicos, cosas nuevas que me llamen la atención. Me gusta estar solo y poder probar cosas. La música te da esa libertad de situarte en un lugar y encontrarte con vos mismo. A veces paso un día sin tocar la viola; no es que necesite estar tocando todo el tiempo. Entre los 20 y los 30 me encerraba mucho más a sacar solos. Podía estar seis horas ensayando.
-Después de haber sido convocado por Spinetta, Solari y Calamaro para tocar con ellos, ¿hay algo nuevo que te pueda sorprender?
-Siempre es una sorpresa que te llamen para un proyecto. No es algo a lo que esté acostumbrado, inclusive cuando me llama el Indio para grabar en su estudio. No es algo que tenga naturalizado. Hace poco me llamó Alejandro (Medina) para tocar unos temas con Aeroblus y me encantó.
-¡Vas a tocar las partes de Pappo!
-Claro, además es vincularse con un pedazo de historia y tocar la música del Carpo de la década del 70, que para mí es la época de oro. Justamente ayer lo estaba escuchando y suena muy stoner. Le encontré mucha similitud con el sonido de bandas de ahora que buscan sonar como en los 70. Es muy difícil sacar un disco como el que hizo Aeroblus, que tenga diez temas y toda una conexión. Cuando escucho Invisible, me doy cuenta que para sonar así los monos ensayaban un montón de horas, porque si no te comen los temas.
-¿Y de quién te gustaría recibir el próximo llamado?
-Yo estoy contento de estar tocando con la gente que me rodea. De tener cerca a Rafa, Edu, Gaspar. Todos ellos me siguen motivando para que haga más cosas.

 

(Publicada en la edición #37 de revista Mavirock)

Edición Nº 37 (desde el 19/12 en los kioscos)

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