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KORNETA, UNA ESFERA QUE BRILLA DESDE EL CIELO

A doce años de la partida del líder de Los Gardelitos, perfil de un poeta de la bohemia.

Jueves, 12 Mayo 2016 | Por  | Fotos: Libro Rock Sudaka

Bohemio hasta el último día, poeta de una enorme sensibilidad, cantante y guitarrista, pájaro y campana, Eduardo Suárez, más conocido como Korneta, nació en Mendoza, vivió en La Tablada y en el piso 16 de los monoblocks del barrio Juan XXIII, del Bajo Flores, esperaba el amanecer. Y aunque los vecinos podrían pensar que estaba completamente loco, el rock and roll era todo lo que podía dar.
Un día se cansó de trabajar en el negocio familiar, cerró la rotisería, compró algunos instrumentos y armó una banda de rock con su familia –esposa, hija e hijos-. Con Los Gardelitos enseguida fue copando las villas argentinas -de Mataderos a Lanús, de La Tablada a La Boca- y creó una bola infernal. En poco tiempo, la banda pasó de ofrecer recitales gratuitos en Parque Centenario a hacer base en la Federación de Box con una serie de shows inolvidables y multitudinarios.
Siempre envuelto en llamas, le cantó a los barrios porteños, a los chicos de la esquina, a América del Sur, al viento de la libertad, al misterio que se burla del tiempo, al amor, a un amor de contramano, al Comandante Marcos, a los desaparecidos, a la Patria de Perón y al Che Guevara, a los psicofármacos que vuelan por las noches, a los Querandíes, a las novelas mexicanas y a la guitarra que lo ataba a sus cuerdas y no lo dejaba pensar.
Si alguna de sus letras, como “La Constelación de la virgen” (Las mentiras que nos contamos son las caras vencidas de los relojes. / Nunca voy a poder llegar a tiempo. / Nunca voy a poder amar despierto. El mañana es hoy), hubieran sido escritas por Luis Alberto Spinetta o Charly García, hoy formarían parte del cancionero popular.
Entre 1999 y 2000 vino en varias ocasiones a un programa que yo conducía en una radio alternativa de Parque Patricios. Una noche, en contra de lo que dictaban las leyes de marketing, en vez de tocar “Anabel” o alguna de las canciones más conocidas que tenían Los Gardelitos por aquel entonces, Korneta nos regaló con su guitarra blanca tres temas inéditos que aún no tenía registrados. Una de esas canciones, “Qué boludo que soy”, parecía ser un testimonio autobiográfico de su derrotero musical y su intento de cambiar, aunque sea un poco, este mundo.
Su hijo, Eli Suárez, que lo acompañó desde el primer momento en esa aventura, continúa el legado por el mismo sendero que dejó marcado a fuego su padre hasta el día de su partida, la fría tarde del 12 de mayo de 2004. “El día que yo me muera, no quiero ir al cielo. Quiero quedarme cerca para ser tu consuelo”, cantaba Korneta. Ahora es una esfera que brilla desde el cielo.

 

(Texto publicado en la edición Nº 33 de Mavirock revista)

Edición Nº 36 (desde el 6/5 en los kioscos)

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