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GRITO DE GUERRA

La historia detrás de la canción que Indio Solari grabó para Mavi.

Miércoles, 14 Diciembre 2016 | Por 

La primera vez que María Victoria Lata escuchó a los Redondos tenía apenas siete años y ya comenzaba a develarse su sueño de ser periodista. Una noche de 1989 mientras iba rumbo a su casa de Ramos Mejía en el auto con sus padres, Luis Lata y Silvia Cattino, escuchó las canciones de Patricio Rey en el estéreo de un Peugeot 504 y quedó fascinada con la voz hipnótica de Indio y los riffs filosos de Skay. A los 10, para una competencia nacional de gimnasia rítmica preparó una coreografía inspirada en una versión instrumental de “Jijiji”, que armó especialmente con su profesora. En la adolescencia, cuando tuvo la edad suficiente para salir sin sus padres, comenzó a viajar acompañada de sus amigos del barrio a cada ciudad en la que los Redondos se presentaran. Estuvo en los shows en Huracán, en Olavarría, en Tandil, en Villa María y en San Carlos (Santa Fe). Ni siquiera lograba detenerla la fiebre que la acechaba a los 16 años cuando empezó a pelear contra una enfermedad que, como una sombra voraz, perseguía sus pasos, y recluida en su dormitorio escribía cosas como estas: “Puede ser que estemos condenados, que no haya esperanza para nosotros, para ninguno de nosotros. Pero si es así, ¡demos un último alarido de tormento que hiele la sangre, un aullido de desafío, un grito de guerra!” Pero algunos días la batalla se tornaba asfixiante y Mavi se resistía a someterse al tratamiento que aconsejaban los médicos del Hospital Garrahan.
─Mavi era una adolescente y nos resultaba muy difícil convencerla u obligarla ─dice Silvia una tarde diáfana de septiembre en el living de su casa de Ramos Mejía, mientras sirve una taza de café.
A comienzos de 1999, en un intento desesperado por persuadirla, Silvia se contactó a través de una carta con Virginia, la mujer de Indio Solari, para pedirle que él intentara con sus palabras darle ánimo.
Después de enviarle una carta y varios llamados telefónicos ─uno de ellos para el último cumpleaños de Mavi, el 8 de abril de 1999─ Indio la invitó a conocer su estudio de grabación. Pero cuando el día tan esperado llegó, Mavi presentaba un cuadro de fiebre muy alta y no tenía fuerzas para levantarse de la cama. Bajo una lluvia extenuante, Silvia manejó su auto por Acceso Oeste y cuando llegó a la casa de Indio y Virginia les explicó la situación que atravesaba su hija.
¿Podemos dejar la invitación pendiente para otra oportunidad”, preguntó Silvia. “¿Te molesta si vamos ahora a visitarla?”, respondió Indio. Y salieron juntos rumbo a Ramos.
─Mientras me seguían con su auto para no perderse, yo pensaba: “Le estoy llevando un pedacito de felicidad a mi hija”.
Cuando llegaron a la casa, Silvia abrió la puerta de la habitación de Mavi y le dijo: “Vino alguien a visitarte”.
─Imaginate su emoción, era la primera vez que lo veía personalmente. Creo que a veces él no comprende por qué estamos tan agradecidos. Indio y Virginia tuvieron un gesto maravilloso. Ese día la vimos reírse después de mucho tiempo.
Silvia y Luis sintieron que Mavi había recuperado la alegría.

 

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─El día que conocí a Mavi me sorprendió que con dieciséis años haya tenido la capacidad para conectarse conmigo, que soy un tipo muy complejo ─dice Indio Solari una mañana de octubre en su estudio Luzbola─. Parece que ella sabía muy bien su destino. Y cuando alguien sabe eso de antemano, se pone inteligente rápidamente; porque “a vivir que son dos días”.

 

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A comienzo de 2016, cuando comenzaron los preparativos de composición del cuarto disco de Mavirock, Silvia intentó rastrear alguna letra entre los escritos que había dejado Mavi guardados. Pero, a diferencia de lo que ocurrió en los tres primeros álbumes de la banda, no encontró un texto con el que pudiera armar una letra sin que tuviera que agregar o modificar algún párrafo.
Por esos días, el 22 de mayo de 2016, se habían cumplido 17 años de la partida de Mavi y el dolor de Silvia se hacía cada vez más profundo. La idea de que el tiempo de su ausencia superara al de los años vividos le provocaba una angustia desoladora.
─Una pérdida es algo que nunca se supera, pero en ese momento sentí que había vuelto el tiempo atrás.
Mientras ordenaba el cuarto de Mavi, en uno de sus cuadernos encontró tres páginas con varios fragmentos del libro Primavera Negra, de Henry Miller, que en parte decía: “El mundo es el espejo de mi muerte, y el mundo no muere si yo no muero. Estaré vivo dentro de mil años, más vivo que en este momento, y el mundo también estará vivo, aunque haya muerto hace mil años. Cuando una cosa vive hasta el fin, no hay muerte, no hay arrepentimiento y no existe tampoco una falsa primavera…”. Y comenzó a buscar de qué capítulos lo había extraído. Después de terminar el libro descubrió que los había confeccionado en base a frases de distintos pasajes.
─Me sorprendió muchísimo. Fue algo que nunca compartió conmigo, pero que, de alguna forma, quiso dejar al alcance para que lo encontráramos.
En ese escrito Mavi hacía referencia a la actitud de enfrentar a la muerte de modo desafiante y el concepto de que nadie muere cuando deja su cuerpo.
─Creo que ese fue el mensaje que ella nos quería dejar.
Enseguida Silvia pensó en usar esos textos para armar la letra de una canción tratando de respetar la creatividad de Mavi. Casi al mismo tiempo en esos días se conoció la noticia de que Indio afrontaba problemas serios de salud, y a Silvia le pareció que el momento que atravesaba Indio tenía una estrecha conexión con la letra de la canción que estaba preparando y el contenido de Primavera Negra.

 

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A pesar de que Mavi nunca le contó a sus padres detalles de las conversaciones filosóficas que mantuvo con Indio y los temas que hablaron aquella tarde de 1999 que él la fue a visitar, Silvia sabe que abordaron temas muy profundos.
─Recuerdo que cuando él salió de la habitación me dijo que estaba sorprendido por los diálogos que habían tenido y la alegría con la que lo había recibido Mavi, que estaba lejos de comportarse como una fan.
En esa charla que duró algunas horas, Indio le recomendó a Mavi que leyera Primavera Negra. Y enseguida Mavi le pidió a sus padres que le consiguieran el libro.
Era una tarde de lluvia y frío, pero Silvia salió igual a buscarlo. Recorrió sin suerte todas las librerías de la avenida Corrientes hasta que encontró un ejemplar viejo, medio desvencijado, en el último puesto de la feria de Parque Rivadavia.
─Mirá el estado en el que está ─dice Silvia mientras recorre las páginas amarillentas del libro que aún atesora en la biblioteca de Mavi─. Todavía recuerdo la emoción que me produjo encontrarlo. Volvía en el colectivo con el corazón exaltado porque, por el estado avanzado de su enfermedad, una de las pocas cosas que ella hacía era leer, y yo había conseguido el libro que tanto anhelaba.
Recostada en su habitación, esa misma noche Mavi comenzó a leer Primavera Negra en soledad.

 

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Después de la partida de Mavi, el 22 de mayo de 1999, Silvia le escribió una carta a Virginia en la que le explicaba lo difícil que era pensar en que Mavi dejara de estar presente en la memoria de los demás: “A veces no sé cómo mantener el recuerdo. No en uno, sino que la gente sepa de su existencia”. Tiempo después en River, en abril del año 2000, antes de tocar “Juguetes perdidos” Indio le dijo a las 60 mil personas presentes en el estadio: “Teníamos pensado dedicarle esta canción a algunos redonditos que nos están mirando desde las plateas más altas: a Yiyo, a Mini, a Mavi, a Walter, a Leandro y a Mariano. Ayúdenme, estoy muy emocionado”.
─También nos pasó que el día de su regreso solista, después de que le dedicara nuevamente esa canción a Mavi, mientras estábamos en la platea del Estadio Único de La Plata apareció revoloteando por arriba nuestro una mariposa. Creo que las señales siempre llegan, después está quién quiere verlas. Dicen que las mariposas son espíritus de guerreros que vienen a acompañar a quienes están llevando una causa. Para mí la aparición de las mariposas en la última ronda de las Abuelas de Plaza de Mayo fue algo muy sugestivo.
El espíritu de María Victoria resurgió en la banda que comenzó a gestarse en 2003, durante las reuniones que sus padres mantenían con un grupo de amigos cercanos a Mavi ─Ernesto (guitarrista), Hernán (bajista), Gastón (primer baterista), Pablo─ en la casa de Ramos Mejía. La creación de la revista fue un proceso que llevó adelante dos años después otro amigo de la familia, Adrián De Paoli, para realizar el sueño de periodismo de contracultura con compromiso por las causas sociales y de difusión de los grupos de rock independiente que proyectaba hacer Mavi.
Desde sus inicios, la banda destinó lo recaudado en venta de discos y tickets a causas benéficas. Colaboró con la refacción de la casa de la familia de Luciano Arruga y aportó fondos para que varios chicos que, como el caso de Theo Bravo, padecían enfermedades delicadas pudieran realizar un tratamiento en el extranjero.
─A veces la gente piensa que yo tocaba la batería de chiquita o que Luis cantaba desde hacía mucho tiempo, pero nunca habíamos hecho nada vinculado a la música hasta que comenzamos con esta banda. Aprendí a tocar a los 45. Y eso también a mí me salvó la vida. Porque la música te salva y para mí no se trata de ser la mejor, sino de hacerlo dentro de mis posibilidades y siempre con el corazón. Cuando logro conectarme con estas cosas, siento felicidad y me olvido de las amarguras... CONTINÚA

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